Portada del relato Ciudad de Sombras Frías
Sin valoraciones
  Leer   Escuchar   PDF   ePub   Compartir

Fragmento:


Estoy sentada en mi despacho, piel sintética pegada al revés del cuello de la gabardina, cuando ella entra. No es sutil. Nadie lo es en esta ciudad, en la que las cámaras municipales escupen destellos, cegadoras y banales, sin otro propósito que registrar la ruina desde todos los ángulos posibles. Me saco el cigarro de la boca y dejo que la inteligencia artificial del puerto de datos interprete el silencio como una invitación.

Duración: 02:26

Ciudad de Sombras Frías
-a / +A

Texto de ajuste de pausa.

---

Nadie duerme bien en Sidera-17, aunque los anuncios holográficos prometen lo contrario. Las agujas del atardecer gotean luz sobre cristales rotos, calles relucientes de aceite y plasma coagulándose junto a los bordes de la acera. Cuando la noche cae, no es un alivio, sino una sentencia: en la penumbra acecha la promesa hueca de olvido y la memoria persistente de los crímenes.

Estoy sentada en mi despacho, piel sintética pegada al revés del cuello de la gabardina, cuando ella entra. No es sutil. Nadie lo es en esta ciudad, en la que las cámaras municipales escupen destellos, cegadoras y banales, sin otro propósito que registrar la ruina desde todos los ángulos posibles. Me saco el cigarro de la boca y dejo que la inteligencia artificial del puerto de datos interprete el silencio como una invitación.

Está empapada hasta la médula, medias de neón de los barrios bajos y un ojo protegido tras una membrana de hialino que indica un implante—de bajo coste, probablemente. Sus muñecas tiemblan al apoyar una pastilla de RAM sobre mi mesa a modo de saludo.

—¿Investigas desapariciones, detective? —pregunta, la voz vibrando en frecuencias que cualquier analizadora acústica sabría leer: miedo, y urgencia.

Asiento. Sidera-17 no deja de producir desaparecidos. Los archivos están repletos de parientes angustiados, amantes contrariados y deudas flotando como los desechos que pasan zumbando por el exterior de los rascacielos.

—Mi hermana, —ella traga saliva—, no contesta desde hace setenta y dos horas. No sería raro si no fuera por el mensaje que me envió antes: “No confíes en la Compañía. Huyen los que ven.”

El silencioso tic de mi reloj interno marca ritmos de alerta. La Compañía: omnipresente, incalculable, dueña de los sistemas de energía y de la policía—y, si los rumores son ciertos, de algo más profundo y oscuro.

—¿Tienes algo más? —pregunto.

Suelta su historia en fragmentos lo suficientemente cortos para sobrevivir a la memoria de la ciudad. Hermana menor, Shazia, técnica en la infraestructura derruida del anillo exterior. Encontró algo en los canales de drenaje —quizá un programa, quizá un cuerpo—, y después, ese mensaje.

Reviso la pastilla de RAM. Contiene imágenes. Pantallas saturadas de datos corruptos, formas indistintas reflejadas en superficies líquidas, voces rec

Copyrights © 2025 Viajerosdeltiempo.com. Todos los derechos reservados.

Ofertas Amazon: En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.